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Estero Marga-Marga, Viña del Mar

Grandes puertos, pequeñas caletas y el Pacífico inmenso

Modernas carreteras te llevarán rápidamente al aire salino y puro de la costa, mientras aparecen las principales ciudades de esta latitud, unidas en un gran eje urbano: el puerto de Valparaíso, un laberinto de casas empotradas en decenas de cerros con vista al mar, cuyo centro histórico fue declarado Patrimonio Mundial por la Unesco por su importancia arquitectónica y cultural, y Viña del Mar, con modernos edificios, cuidadas playas y hogar del mayor festival de la canción hispanoamericano.

La característica de esta zona marítima es que mezcla asentamientos de más de un millón de habitantes con encantadoras caletas de pescadores y pequeños poblados que vuelven a la vida cada año cuando miles de personas los adoptan como residencias de verano. En Reñaca, Concón, Maitencillo y Zapallar, al norte de Valparaíso, podrás encontrar playas para nadar o tomar el sol, y típicos restaurantes con deliciosos platos en base a mariscos y pescados.

La costa central es una invitación permanente para tus sentidos.

VALPARAÍSO

Este puerto, el más importante de Chile, con orígenes que datan desde 1536, es un lugar para experimentar.

No hay una versión oficial del número de cerros que rodean a la bahía de Valparaíso; se dice que 42. Desde cada uno de ellos se descuelgan casas de colores diferentes que conforman un laberinto gigante de callejuelas, largas escalinatas y miradores. Cerros y mar son los límites naturales de Valparaíso, mientras que en su casco urbano puedes apreciar bellos conjuntos arquitectónicos, estrechas calles y algunos trolebuses.

Declarada Patrimonio Mundial por la Unesco el año 2003, su geografía se ha poblado desde ese entonces de nuevos hoteles, restaurantes y librerías que han renovado su carácter clásico. Aun así, perdura la cultura portuaria, principal sustento histórico de “Pancho” -como cariñosamente le dicen a esta ciudad-, que es visible especialmente en el barrio puerto. No hay que irse de la ciudad sin subir a alguno de los ascensores patrimoniales al aire libre que aún existe o dar una vuelta a la bahía en alguna lancha del puerto.

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